La radio abierta como una práctica etnográfica colectiva

La radiofonía evolucionó como medio unidireccional y se consolidó como institución formal, en modelo público o privado, con una dependencia comercial muy arraigada.

Sin embargo, a pesar de esta subordinación de mercado tan fuerte y de ser uno de los primeros recursos tecnológicos de comunicación masiva, ha logrado con el transcurso del tiempo, generar unas dinámicas sociales muy eficaces.

La simplificación de la implementación técnica, los bajos costes de producción más unas redituables posibilidades sociológicas y políticas indujeron un renacimiento impensado, ante la hegemonía avasallante de la televisión y el video.

La dependencia de las tecnologías visuales y sonoras de registro y emisión con el espacio estudio – plató siempre fue intensa y restrictiva. Los estudios móviles de televisión y grabación de audio, hasta hace unos pocos años atrás, se montaban sobre chasis de camiones. Aún así la radiofonía desde sus inicios estuvo vinculada a la transmisión en directo, a la practicidad operativa móvil y al espacio público. Recordemos que la primera transmisión radiofónica abierta y masiva en Latinoamérica se realizó desde la azotea de un teatro en el Buenos Aires de 1920.  Desde entonces el protagonismo político, en el marco de los procesos sociales del siglo XX, creció exponencialmente y tal vez ciertos usos alternativos y confrontadores de hoy le deban mucho al origen y desarrollo de la radiofonía como tecnología de comunicación bélica.

Las posibilidades de la antropología sonora a través de la radiofonía ya han sido tenidas en cuenta, de un tiempo a esta parte, preferentemente en países de América Latina. Las relaciones sociales que se establecen a través de la radiodifusión de proximidad han calado profundo en las dinámicas culturales comunitarias. Por eso hacemos foco en un uso peculiar de la tecnología radiofónica, la que suele desarrollarse de manera efímera en el espacio público con un formato itinerante y eventual: la radio abierta. Pura transmisión en vivo y en directo desde una localización donde, por una determinada circunstancia, los mensajes deben circular entre muchos y ser compartidos instantáneamente.

Estas radios físicas, sucedáneas de las tradicionales, se definen territorialmente más como dispositivos sonoros que funcionan por volumen que por frecuencia. Se acercan más al concepto de propaladoras abiertas, donde el armado de una configuración técnica en el espacio público permite plantear desde el audio la cobertura de un acontecimiento y el respaldo a una acción pública. Emiten a través de la amplificación in situ como si fuesen espectáculos pero en clave radiofónica, funcionan como espacios de teatralidad donde las estrategias de producción, si bien son radiofónicas, deben pensarse como eventos de visualización además de los acuerdos singulares de los participantes. Estas experiencias de emisión, con o sin antena, fuera de un estudio tradicional han estado, desde sus inicios, vinculadas a los foros sociales, movilizaciones populares y, en general, a encuentros colectivos. Operando como nodos sonoros de dinamización grupal.  

Del pregonero a las redes sociales

Quizás se pueda rastrear el modelo de “radio abierta” en el espacio público en la práctica barrial del “perifoneo”, una de los medios tradicionales más efectivos de llegada al público y a los miembros de una comunidad. Cuando no existía el facebook un oficial del ayuntamiento iba por las calles notificando a viva voz los mensajes que merecían ser compartidos por toda la población. Luego este oficio de vocear a costa de las cuerdas vocales y los pulmones de un profesional de la comunicación a sangre, se perfeccionó con la llegada de los megáfonos y las bocinas altoparlantes que, montadas sobre un vehículo, recorrían las calles propalando los anuncios a través de un grabación o una locución en tiempo real realizada por el mismo chófer.

Si bien, casi siempre, prevalecieron los usos comerciales de esta forma de comunicación vecinal, también destacó la promoción proselitista de candidatos a cargos públicos en los gobiernos y la emisión de comunicados oficiales. Los vínculos entre la propalación amplificada a través del sonido de mensajes y la política, a menudo, fueron directos e intensos. Pero, con el transcurso del tiempo, este recurso unidireccional y vertical de inducir al otro a que compre o vote,  gritándoselo casi en la cara, fue dejando paso a una práctica más horizontal, compartida y participativa: el montaje improvisado de un estudio de radio en un sitio al aire libre o bajo techo donde se ha congregado mucha gente por un motivo, casi siempre, de interés público y social. Una mesa, unas sillas alrededor, unos micrófonos y ¡ya estamos en el aire!

En la radio abierta puede darse la fusión de dos alternativas: emisión a través de una frecuencia radiofónica determinada por conexión a un transmisor y/o amplificación en el propio lugar por megafonía. Pero todo esto no podría haber sido posible sin el empujón que impulsó el descubrimiento del transistor. Los laboratorios de la Bell telephone desarrollaron en 1948 unos semiconductores de silicio que reducían el tamaño tanto del equipo transmisor como del receptor y mejoraban la calidad de las emisiones. Con este avance ya no se dependía de la red de corriente eléctrica alterna y del cableado para recepcionar. Nacía el concepto de “radio portátil”.

Liturgia de los micrófonos abiertos

Los medios de comunicación son las catedrales que otorgan legitimidad, porque el público tiene “fe” en lo que oye y ve a través de ellos. La gente cree en las representaciones mediadas ya emanen desde un púlpito o desde una antena. Aparecer en radio o televisión es lo mismo que ser ejecutado en la plaza pública ante cientos de personas o cantar en el coro del altar mayor en una nave repleta de feligreses. Somos visibles y audibles para muchos por un instante de gloria.  Por eso llegar a un lugar y montar una radio en vivo equivale a celebrar una misa al aire libre. Una plaza o un patio de un colegio pueden transformarse en set, plató o estudio donde se instala una escena colectiva, compartida y transversal.

Consideramos que, si entonces ya es ampliamente reconocida la pertenencia de la radiofonía a la dimensión de la antropología sonora bien podríamos efectuar una vinculación análoga entre la práctica de radio abierta que convierte cualquier lugar en un estudio y la etnografía. Este método de investigación consiste en observar grupos humanos y participar en sus contextos para poder conectar lo que la gente dice, percibe y hace. Es una de las ramas de la Antropología social o cultural que en un principio se utilizó para comunidades aborígenes y que, desde hace un par de décadas, se aplica también al estudio de las comunidades urbanas y diversas y, en general, a cualquier grupo que se quiera conocer mejor. Actualmente se desarrolla una etnografía virtual centrada en el flujo de subjetividades y redes sociales en la Internet.

La etnografía no es un análisis meramente cuantitativo pues nos permite poder acercarnos a la comprensión de cómo las personas interpretan el mundo circundante y como organizan sus vidas en consecuencia a partir de sus propios testimonios. Esta forma de abordar la comprensión de sujetos y circunstancias se caracteriza por privilegiar la interacción cara a cara. En tiempos donde arrecia la crisis de representación mediada poder contar con un recurso de comunicación social que promueva la expresión oral de un determinado colectivo, puede resultar una herramienta de conocimiento y transformación. Un estudio radiofónico escenificado en el patio de un colegio, en una plaza, en un equipamiento barrial o en la sede de una asociación de vecinos nos permite inducir a que la gente dialogue alrededor de una mesa y con unos micrófonos de por medio. A su vez, estos contenidos circulan por varios canales de tiempo y espacio generando diferentes posibilidades de comunicación social. Intersubjetiva entre los participantes frente a los micrófonos, periférica también pues el público que rodea el núcleo de la radio abierta también puede opinar y trascendente al ámbito donde transcurre la experiencia pues es retransmitida a través de una conexión a una emisora con una frecuencia en el dial o vía streaming on line.

Hoy en Barcelona la cooperativa Connectats SCCL (www.connectats.org),  especializada en estrategias de acción y comunicación y miembro del equipo que colabora con este blog, desarrolla (en conjunto con la Dirección de Servicios de Prevención del Ayuntamiento) el proyecto BarriLabs.

Una propuesta que explora posibilidades de convivencia urbana desde una ciudadanía activa, utilizando dispositivos móviles radiofónicos de participación vecinal, que promueven la creación de espacios de debate y reflexión sobre el entorno próximo y la convivencia (+ INFO: Radio abierta Barrilabs). (C.P.)

Agradecemos los aportes de Alejandra Restrepo Ruiz, Anita Serrano, Café Azar y Gabriel Gómez.  

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